Agua, agua, agua, y más agua. Ni que fuera invierno, loco.
De vez en cuando es refrescante durante el verano. Sólo de vez en cuando, no cuando estás encerrada en la cabaña de veraneo y la lluvia es interminable. Aunque eso nunca ha sido problema para mí. Tomo el quitasol y salgo a pasear, por muy ridículo que se vea.
Hoy era uno de esos días en que el agua venía de manera horizontal. Nunca vi una nube que estuviera a mi altura, pero las gotas chocaban de frente, por los lados y desde atrás. El paraguas no sirvió de nada.
Sin embargo, lo disfruté.
Hoy, también, sentí que pagué por todos mis pecados.
No sé si cuentan los pecados que se piensan... espero que no, o si no, aún estoy debiendo.
¿Quién habrá sido la primera mujer que se le ocurrió depilarse? yo aún no lo concibo.
Claro está que para los hombres esa mujer debe ser una diosa, o algo por el estilo. La más inteligente de todas, aquella que de alguna u otra forma terminó con esos vellos que brotaban desde su piel. Yo sólo pienso y digo: "¡Maldita!". No saben cuánto la odio.
La señora Depiladora (no sé su nombre) me conoció hasta el alma. Debe haber visto hasta lo que comí hoy en la mañana. Mientras esparcía suavemente la miel caliente sobre mi piel me daba instrucciones: -"Levanta tu pierna... un poco más alto... ábrela... ahora date vuelta... respira profundo y relájate, voy a tirar". En ese momento, el día soleado en un campo de flores y mariposas que yo misma dibujaba en mi mente para no pensar en lo que venía, era borrado estrepitosamente por la imagen del hombre que me pidió que me realizara tal tortura.
"¡Conch...!" alcanzó a escapar del popurrí de bellas palabras que bailaban en mi cabeza, haciendo reír a la señora Depiladora.
Al final de todo, sólo puedo decir que gracias a aquella extraña mezcla de dolor, sudor y miel, nosotras, las mujeres deleitamos a cuantas miradas pasen por sobre nuestra piel, haciéndole honores a esa maldita que tuvo la gran idea. Y es precisamente por el primer aderezo de la mezcla que este verano, para lucir la tortura vivida, me tiro al sol incluso con el culo al aire. ¡He dicho!